ESTOY HARTO DE PONERME ENFERMO: ¡NO TENGO TIEMPO PARA ESO!

Esta frase refleja cómo vivimos las enfermedades la mayoría de nosotros: como algo enojoso que nos interrumpe nuestros quehaceres diarios y que queremos quitarnos de encima lo antes posible. ¿Sea… como sea?

Es comprensible desear no sentir dolor, ni físico, ni psicológico, ni emocional, ni de ningún tipo. A nadie le gusta estar enfermo y encontrarse mal. Ahora bien, si no escuchamos el dolor no podemos determinar qué hacer para aliviarlo o encontrar la causa y atajarla.

Nuestra cultura de la “prisa” y la “exigencia”, de hacerlo todo rápido y mejor que nadie, nos lleva a una carrera sin fin que no nos permite tiempo para nada más que no sea cumplir con el trabajo, sea profesional o no… En el mismo sentido esperamos que los profesionales de la salud nos resuelvan nuestro malestar de forma eficaz, indolora y, por encima de todo rápida.

Actualmente tenemos conocimiento sobre la necesidad del deporte, de una buena alimentación, incluso del ocio como necesario para tener cierta calidad de vida. Aun así, seguimos atrapados en el pensamiento de: “sí, sí, pero el deporte y todo lo demás para cuando tenga tiempo libre”.

Así caemos en la trampa de buscar soluciones rápidas, fáciles de aplicar (o no), pero, sobre todo que nos hagan recuperar la salud sin “perder” tiempo. Ni tan siquiera nos damos cuenta de que equiparamos “tiempo libre” a algo difícilmente alcanzable o prescindible, e incluso equiparable a “perder el tiempo”, y eso: “¡de ninguna de las maneras!”

En este artículo planteamos ver cómo la enfermedad nos da información importante sobre nosotros mismos y, curiosamente, sobre cómo necesitamos TIEMPO SUFICIENTE para cuidarnos y hacer todo lo que haga falta para poder dejar de caer enfermos demasiado a menudo…

El caso de Raúl

Raúl tiene 56 años y vive con su mujer y su hijo de 10 años. Es autónomo y trabaja como delineante para varios profesionales de la construcción. Nos recalca que trabaja muchas horas al día. Su pareja es maestra y, al tener el horario escolar, se encarga de todo lo de la casa y el hijo. Contrasta la organización del tiempo entre ellos (deporte, pintura, ocio…) y Raúl (trabajo, trabajo y más trabajo, incluso fines de semana).

Viene a consulta después de varias visitas médicas por dolores musculares crónicos e insomnio, resistentes a los fármacos y al tratamiento fisioterapéutico puntual, ya que dice que no tiene tiempo de ir a menudo. Después de tiempo buscando una solución rápida que le permitiera poder seguir trabajando sin parar… accede, haciendo caso al médico y al fisioterapeuta, a pedir hora para psicoterapia.

Se presenta nervioso, irritado y desconfiado. Explica no entender en qué puede ayudarle la psicoterapia con sus dolores y su insomnio, además de no tener tiempo ya que necesita acabar muchos trabajos. Se considera una persona normal y que su único problema es físico.

Trabajo terapéutico

Planteamos que las personas somos todo uno, tanto lo físico, como lo mental y lo emocional, y que una parte influye directamente en la otra. No estamos fragmentados. Se le pasan unos cuestionarios sobre estado de ánimo, ansiedad y personalidad para tener una referencia de partida, e intentamos replantear su demanda. Le proponemos revisar sus hábitos y rutinas de forma detallada para poder reconocer lo que ocurre, y, sobre todo, cómo ocurre, cómo llegamos a la situación no deseada o que nos hace sufrir, y cómo la mantenemos.

Raúl reconoce que hace mucho tiempo que no se siente con fuerza y energía, capaz con todo el trabajo y, a la vez, disfrutar de su familia, aunque lo desee. Cuando describe su sensación actual, de enfado constante y malestar físico incontrolable, lo atribuye a razones físicas: “si no tuviera el dolor muscular…, podría dormir y podría cumplir con el trabajo y todo iría bien”. 

En este punto nos centramos en ayudar a Raúl a reconocer que el orden de los factores no siempre es el que nos parece más lógico… Se siente frustrado por no encontrar un remedio rápido a su dolor físico y eso le genera rabia y tensión que afecta directamente su musculatura… A nivel de pensamiento cree que debe mantener la tensión para poder realizar sus tareas, con lo cual entra en un círculo vicioso que se retroalimenta y le mantiene en ese dolor, hasta extremos que le acaban bloqueando y no le dejan trabajar. El resultado es todo lo contrario de lo que desea.

Reconoce que lo han hablado con su pareja y que esta le propone que haga deporte con su hijo, pero él cree que, para ser un buen padre, lo primero es aportar económicamente. Aquí empieza a reconocer los conflictos entre formas plantear las prioridades con su pareja. Cuando piensa en su hijo, le es más fácil ver que el deporte es esencial, incluso que su hijo tenga tiempo para jugar y divertirse. Pero no para él, que es un “adulto responsable” que no se puede permitir “perder el tiempo”. No así con su pareja para la que cree que también debe permitirse esas actividades.

Empezamos a revisar las consecuencias emocionales y físicas de sus planteamientos y, comparando con sus prioridades para su hijo, parece ver claro que debe empezar a flexibilizar su tiempo. A partir de aquí le proponemos que empiece a darse tiempo para hacer deporte, para jugar con su hijo, para salir con su pareja… y ver qué pasa con su dolor y su insomnio.

Evolución

Poco a poco, y sobre todo con el deporte, se va sintiendo mejor en muchos aspectos, también físicamente. Se da cuenta que, por un sentido exagerado de responsabilidad, había dejado de hacer actividades que le suponen descanso, satisfacción y descarga física. Y que todo ello requiere TIEMPO, tiempo de salud, nunca “perdido”. 

Toma consciencia de cómo ese “tiempo perdido” en estas actividades es necesario, aún más, imprescindible. El tiempo dedicado al ocio, deporte, cuidar las relaciones familiares y de amistad, forma parte del equilibrio físico y emocional del ser humano. Raúl empieza a verse más calmado con lo cual duerme mejor y nos comenta, gratamente sorprendido, que rinde más en el trabajo sin necesidad de dedicarle tantas horas. Nos describe cómo, de forma gradual, nota cómo baja la tensión muscular, la irritabilidad y con todo ello el dolor. 

Lo importante de nuestro momento de dolor o enfermedad es tener presente que nos informa de que hemos perdido nuestro equilibrio de salud y, eso requiere TIEMPO, un tiempo más valioso que cualquier otro: para detectar qué falta en mi rutina, qué he dejado de hacer, o para permitirme de forma suficiente estar en salud.  Eso también es válido cuando tenemos limitaciones físicas o de cualquier tipo; darnos tiempo para detectar qué mejora mi estado de salud: actitud, gestión emocional, ejercicio, dieta, relaciones sanas, ocio saludable…

M.Dolors Pallarès i Ramon (Psicóloga)