SALUD Y TRABAJO

 

En nuestra sociedad el TRABAJO es considerado una necesidad, un mal menor, una suerte, un aburrimiento, una realización personal, un sacrificio, un deseo, una satisfacción… ¿De qué depende? De nuestras necesidades, de nuestra economía, del tipo de trabajo, del trato de la empresa, de nuestros prejuicios, de nuestro tesón, de nuestra preparación, de nuestra vocación, de los horarios, del sueldo… Puede ser una o muchas de estas cosas. 

 

Lo importante seria que el TRABAJO formara parte de nuestra SALUD global. ¿Qué significa esto? 

 

Sería que el trabajo, dentro de lo necesario para cada uno, se ajustara a las propias habilidades y capacidades y nos permitiera hacerlas crecer, o sea, que nos produjera satisfacción personal. Que el horario fuera flexible y se ajustara a nuestro reloj biológico, a nuestros horarios, familiares… Que el espacio laboral fuera agradable, bien iluminado, con todas las herramientas necesarias y adaptadas a la tarea y al personal. Que las relaciones con el resto del personal-empresa fueran habitualmente satisfactorias… Podríamos seguir con una larga y coherente lista de cosas que describirían un trabajo IDEAL para nuestra SALUD.

 

En este punto muchos dirán “¡el ideal no existe!”. De acuerdo. Entonces aceptamos que, en muchas ocasiones, el trabajo no forma parte de nuestra salud; aún más, en muchas ocasiones el trabajo es fuente de malestar y enfermedad (estrés, desequilibrio hormonal, ‘burn out’, alergias, lesiones físicas…). Lamentablemente, por cada experiencia positiva nos llegan muchas más experiencias negativas respecto la relación trabajo-salud. Esto nos lleva a plantearnos lo siguiente: ¿cómo podemos hacer que nuestro trabajo o vida laboral se acerque lo más posible a ese ideal de trabajo para que forme parte de nuestra salud global? ¿es todo responsabilidad mía? ¿de la empresa? Y cuando mi salud ya está afectada, ¿realmente se puede mejorar algo?

  

Cuando empezamos a preguntarnos no podemos olvidar ampliar el campo de autobservación hacia la familia, los amigos y otros campos, ya que lo laboral, suele ocupar gran parte de nuestro día a día y afecta a todo el resto (tanto en lo económico, lo familiar, relacional…). Si realmente creemos que la salud es un valor para poder vivir con un mínimo de calidad de vida deberíamos empezar a priorizarlo de verdad. 

 

Un factor clave para una buena salud es la SATISFACCIÓN con uno mismo, y eso enlaza de forma clara con lo laboral. Hoy nos centraremos en el mundo laboral: planteamos que es necesario encontrar un EQUILIBRIO dentro y fuera del trabajo para esa satisfacción con nuestra vida en general.

 

Presentamos un caso de ‘burn out’ (“quemarse”) donde la pérdida de salud ha sido el ‘aviso’ del desequilibrio en el trabajo soportado durante años. También veremos el trabajo realizado para retomar las riendas, y cómo el priorizar la salud permite tomar conciencia de lo que realmente está en nuestra mano en cuanto a nuestra relación con nuestro trabajo concreto y los cambios posibles.

salud y trabajo

El caso de Marc

 

Marc (nombre ficticio) tiene 46 años, casado hace 15 años y con dos hijos adolescentes. Viene a consulta preocupado por el deterioro de su salud en los últimos años. Actualmente está de baja médica, por ansiedad y vértigos, por primera vez en los 25 años que lleva en la misma empresa. 

 

Describe su trabajo como de alta responsabilidad, en una ‘buena’ empresa en la que tuvo la suerte de ser contratado con 21 años. Recuerda que fue una gran alegría para toda la familia, ya que suponía un buen trabajo asegurado para toda la vida. Empresa grande y solvente, bueno sueldos y horarios… en definitiva: seguridad y tranquilidad para el futuro. Esto lo tenía muy claro, por lo que reconoce nunca se planteó otra posibilidad. “Tenía la vida resuelta”

 

En estos 25 años ha pasado por diversos departamentos y tipos de tareas y se ha ido adaptando lo mejor posible, según él, sin grandes dificultades aparentes. Unos cambios eran pedidos por la empresa, otros por él mismo. Reconoce que no estuvo cómodo en todos los departamentos por igual. Según como era la iluminación o el nivel de ruido, finalizaba la jornada laboral con dolores de cabeza, pero no le daba más importancia.

 

En los últimos 9 años empezó a notar que, al volver de las vacaciones, no se sentía con las mismas ganas de trabajar que en años anteriores. Era como si no se hubiera recuperado y tuviera que reincorporarse cansado y con dolores de espalda de los que nunca se recuperaba del todo. Acudía a médicos y especialistas, hacia rehabilitación y todo lo que le recomendaban. Todo sin coger la baja, en su tiempo personal y familiar, hasta el momento actual.

 

desesperación trabajo

Trabajo terapéutico

 

Proponemos explorar los detalles de su día a día, y sus hábitos, tanto en casa como en el trabajo, para ver cómo llega a este punto de desequilibrio. Fuera del trabajo nos dice que disfruta de la familia, sigue una dieta saludable, hace alguna actividad física cuando tiene tiempo, sale con sus amigos, aunque cada vez menos por el cansancio del trabajo y le sabe mal, pero, ‘el trabajo es el trabajo’.

 

Le pedimos que intente concretar qué significa para él esa frase de ‘el trabajo es el trabajo’ y nos encontramos con toda una lista de prejuicios y teorías rígidas sobre la importancia del trabajo (suerte indiscutible, seguridad no rechazable, futuro de comodidad, …) que le llevan a aguantar cualquier tipo de malestar, ya sea físico, emocional o relacional con respecto al cumplimiento con el trabajo, sin cuestionarse otro tipo de beneficios necesarios para nuestra salud (adecuación del trabajo, condiciones de presión, horarios, buen ambiente, reconocimiento…) 

 

En este punto buscamos cambios objetivos en el ámbito laboral que le puedan causar cierto malestar y Marc nos cuenta que, en los últimos años, ha habido muchos cambios y no todos agradables: reducción de personal, reducción de espacio, con lo cual ha pasado a compartir despachos entre varias personas que atienden llamadas y visitas, nuevos planteamientos en la empresa que genera competitividad entre compañeros, otro tipo de presiones que no le parecen correctas ni necesarias… Reconoce estar preocupado por todo ello pero no ve qué relación puede tener en su salud física ya que cree que, si se cuida bien fuera del trabajo (donde si se siente satisfecho), lo del trabajo tiene que poder sobrellevarlo sin problema como ha hecho siempre.

 

Aquí planteamos a Marc un trabajo de observación que le ayuda a ver la relación directa que comparte la emoción con la valoración (pensamiento) que hace de los hechos que vive en el trabajo. Poco a poco, eso le permitirá flexibilizar sus prejuicios y aceptar que la discordia entre lo que cree que debe ser y lo que es, le afecta la salud en cualquier dimensión (la contradicción de valores le produce dolores de cabeza), aunque se lo niegue. Por ejemplo, prejuicios sobre coger la baja: lo consideraba fallar a la empresa y a sus compañeros en lugar de un mecanismo del mundo laboral que nos permite cuidarnos cuando estamos enfermos (algo humano que no se escoge).

 

En este contexto de observación Marc reconoce que es una persona sensible a la que le gusta el trabajo en equipo de forma colaborativa y no competitiva, que trabaja mucho mejor en un ambiente relajado, amable, luminoso y no muy ruidoso, que no soporta muy bien la presión sin sentido… y que todo ello le crea un malestar que se ha ido acumulando. Aprende a escuchar y aceptar cual es la información que le aporta su malestar: “la situación actual en el trabajo ya no me produce satisfacción sino enfermedad, ¿qué puedo hacer? ¿la empresa tiene mecanismos para ayudarme?”

 

Evolución

 

Marc va tomando conciencia de lo que le supone negarse la contradicción que hay entre sus valores y los que actualmente parece fomentar la empresa. La negación hace que las emociones (decepción, insatisfacción, enojo…) busquen otro camino para canalizase, en este caso, el cuerpo, los dolores de cabeza, de espalda, la ansiedad, los mareos… Aprender a escuchar cómo se siente ante los cambios que se dan en su trabajo, y qué le indica esa emoción respeto a lo que ocurre, le ayuda a poner límites entre su necesidad de cumplir y la necesidad de cuidar la salud (ahora prioritaria para Marc). 

 

Se permite revisar sus prejuicios sobre lo que es un ‘buen trabajo’ para él, coger la baja cuando la salud lo requiere (impensable antes para Marc), plantearse un cambio dentro de la empresa que se ajuste mejor al cuidado de su salud (eso depende de los recursos y criterios de cada empresa), e incluso plantearse la posibilidad de nuevos trabajos fuera de esa empresa con las diversas habilidades que ha observado que ha desarrollado en todos estos años…

 

Cuando nos planteamos la relación entre trabajo y salud, nos encontramos a menudo con que nos negamos la influencia directa que puede tener vivir en el trabajo unos valores intrínsecos opuestos a los propios. Se puede sobrellevar, cada persona es distinta, pero siempre hay un coste para nuestra salud.

 

M.Dolors Pallarès i Ramon

Psicóloga de “Integral. Medicina integrativa y Escuela de salud”

www.integralcentremedic.com