¿Cuándo?

Del 3 al 6 de Mayo de 2018

¿Dónde?

Palau Sant Jordi

Passeig Olímpic, 5-7
08038 Barcelona
Tel. (+34) 93 426 20 89

SALA 2

Programa Integral, Medicina Integrativa y Escuela de Salud:

Sábado 5 de mayo

Hora: 15 h.

           Título: En defensa de las medicinas y terapias “no convencionales” ante la inquisición del pensamiento único.           

           Ponente: Pedro Ródenas (Médico naturista)

Hora: 16 h.

          Título: Comunicación no violenta: ¿qué pasa cuando dejo de juzgar?

          Ponente: Mª.Dolors Pallarès (Psicóloga clínica)

Hora: 17 h.

          Título: Cinco prácticas para cultivar la paz.

          Ponente: Rosa Chacón (Maestra y mediadora)

Hora: 18 h.

           Título: Naturismo: más allá del veganismo. El gran cuidador.

           Ponente: Pedro Ródenas (Médico naturista)

Hora: 19 h.

           Título: Libera tu mandíbula (Taller práctico).

           Ponente: Josep M. Charles (Fisioterapeuta acupuntor especializado en trastornos del cráneo              

           y la mandíbula)

 

 

Domingo 6 de mayo

 

Hora: 10,30h.

           Título: Despertando la energía. Automasaje energético (Taller práctico).

           Ponente: Aurea Gómez (Terapeuta manual)

 

Hora: 11,30 h.

           Título: Fibromialgia desde la medicina integrativa.

            Ponente: Daniela Passani (Médica naturista y ayurvédica)

 

Hora: 12,30 h

           Título: El cuerpo vivo, frustración: fibromialgia, fatiga crónica…

           Ponente: Rosalina Sicart (Psicoanalista y pedagoga)

 

Hora: 13,30 h.

           Título: Oncología integrativa.

           Ponente: Equipo del área de oncología integrativa de Integral

 

Hora: 14,30 h. a 15,30

           Título: Lupus y esclerodermia. Homeopatía específica del sistema inmune.

           Ponente: Lali Torrellas (Médica homeópata)

 

 

¡Te esperamos!

 

Cuando es el cuerpo el que nos habla, nos pide atención, nos expresa síntomas…

Los primeros avisos pueden pasar casi inadvertidos si no estamos abiertos y receptivos. Algo tan común como molestias de espalda, cansancio o estrés sostenido en el tiempo, si no son atendidos seguirán su camino hacia siguientes fases de intensidad, agravamiento o cronicidad.

Hay diferentes y variadas formas de entrar en contacto y tomar conciencia de cómo se encuentra nuestro cuerpo. Una forma sencilla y muy empleada en nuestra sociedad es el quiromasaje o masaje manual. Recibir un tratamiento de un profesional nos permite sentir el toque terapéutico de sus manos, descubrir las zonas que requieren de ayuda y sentir el alivio de las mismas. La práctica regular del masaje nos ayudará a reconocernos en nuestro esquema corporal, lo que nos permitirá ir tomando conciencia de cómo utilizamos nuestro cuerpo en el día a día y de cómo en él se van reflejando nuestras emociones.

Malas posturas en el trabajo, mente y músculos sometidos a fuertes presiones, tensión en las relaciones laborales, familiares, de pareja… Lo habitual es decirnos “No pasa nada” o “No es cosa nuestra”, lo que sólo nos sirve de excusa y nos encargamos de asegurarnos de que no va con nosotros, que no podemos hacer nada si el otro no cambia… El malestar crece y buscará formas de llamar nuestra atención. En cada uno, la vía por la que el individuo transitará para resolver lo que se manifiesta será única. A través del reencuentro con nuestro cuerpo y de su cuidado iremos siendo más conscientes de qué necesidades van surgiendo y estaremos más receptivos a reconocer nuestros estados de ánimo y nuestras reacciones.

Cada persona tiene su propio ritmo, misión y propósito. Es de gran valor equiparse de las herramientas que nos puedan ser de utilidad para el camino del cambio, siempre que tengamos claro que es un recorrido que queremos realizar. Ser respetuoso con el propio ritmo es darnos el tiempo necesario para observar, reconocer, aceptar, asimilar y dejar ir. Avanzar muy rápido nos puede hacer olvidar el disfrute del recorrido, y muy lento nos puede crear sufrimiento innecesario. La vida está llena de momentos alegres y otros no tanto; el camino del autoconocimiento nos prepara para poder afrontar los acontecimientos con una actitud y visión más global e integradora.

 

La conciencia del cambio

En una mirada con deseo de cambio, llevaremos nuestra atención a distintos aspectos de nuestra totalidad. Es decir, contemplaremos los diferentes campos de la persona e iremos trabajando con ellos según se presenten las necesidades y siendo respetuosos con las posibilidades del momento, sin forzar situaciones que no nos llevarían el trabajo a buen término. El desarrollo del proceso comienza muchas veces sin darnos cuenta: me duele la espalda y decido darme un masaje. Con esta acción hemos dado el primer paso, favorecemos la toma de conciencia de los bloqueos físicos que será el segundo paso. Tercer paso, comienzo a ser partícipe de mi mejora y me coloco en un nuevo lugar, “de observador”. Me vuelvo activo en la atención a mi cuerpo y desde esta nueva posición comienzo a descubrir como las relaciones, las emociones y mis pensamientos van influyendo en mí, en mis posturas, en mis estados de ánimo y en mis reacciones. En definitiva, en cómo todo confluye en mi bienestar. Desde este lugar de observación exploraremos los distintos campos: físico, emocional, mental y existencial.

A partir de estos detectaremos que está pasando en nosotros, buscaremos las herramientas y/o profesionales que en ese proceso nos apoyen y nos sean de utilidad, siguiendo un camino coherente a lo que el momento nos refleja, y así poder producir el cambio necesario.

Caso clínico

Anabel tiene 56 años y de profesión es administrativa. Acude a la consulta por molestias en la parte dorsal de la espalda y tensión cervical.

Comenzamos con un masaje suave y de reconocimiento para valorar el estado de los tejidos, las posibles contracturas o zonas de tensión. Un repaso general nos da una primera lectura y estado de su cuerpo. Encontramos el tejido sobrecargado de tensión que dificulta la liberación de las toxinas, lo que a su vez genera falta de oxigenación de los mismos, favoreciendo las contracturas.

La propuesta para las siguientes sesiones es la de trabajar con quiromasaje la zona de la espalda y drenaje linfático manual (DLM) en piernas y abdomen con la intención de limpiar la toxicidad y aflojar la tensión de los tejidos.

Llevamos varios meses a una sesión semanal y durante este tiempo va comentado cómo se desarrolla su vida cotidiana, su trabajo y las relaciones en el mismo. En nuestras conversaciones se muestra cada vez más en la queja, de lo que no es para nada consciente. Con la confianza va permitiéndose dejar ir su malestar con respecto a los cambios que de una manera progresiva se están presentando en el trabajo y que no tiene posibilidad de evitar, de cómo la crispación y la presión está afectando a las ya justas relaciones con los compañeros. Se da cuenta de que la relación más cercana con una compañera le está empezando a resultar lo que se diría tóxica, ya que siempre está en la queja, y me dice que se da cuenta de que ella le acompaña. Se empieza a cuestionar, “¿soy yo también tóxica?”

Esta situación le ha generado malestar e inquietud, que comienza a expresarse físicamente, sintiéndose más hinchada de abdomen, sensación de descontrol en su necesidad de micción (orina). Sus visitas al lavabo la inquietan, pues siente necesidad aún cuando acaba de estar. Este síntoma no es nuevo, ya que se va repitiendo en diferentes momentos cuando se encuentra más nerviosa. Acude a su médico de cabecera que le trata para la cistitis, y mejora temporalmente. Persiste la hinchazón y aparecen las digestiones pesadas, a lo que se suman dolores articulares que se van desplazando de unas a otras articulaciones sin ningún motivo aparente. Comienza una sensación de incomodidad interna que no sabe definir…  

En alguna ocasión me había comentado que, para algunos problemas anteriores, se había tratado con homeopatía y que le había dado resultado. Comentamos la posibilidad de volver a su doctora y así lo hizo. Le explicó el recorrido y los cuidados que seguía y, después de una detallada exposición de su situación actual, le puso el tratamiento homeopático.

Seguimos con los masajes a los que unas semanas atrás incorporamos el trabajo de las zonas reflejas de los pies (reflexoterapia). Observamos que cuando se suavizaban los síntomas físicos se acentuaban los emocionales. Estos últimos comenzaban a tener una presencia más destacada: ha comenzado a tener el sueño ligero y le comienza a pesar levantarse para ir a trabajar. Su dificultad para dormir la estaba dejando muy cansada, el desánimo comenzaba a minar la confianza en ella misma y ante la presión laboral del momento, surge como una sombra la sensación de ser incapaz de salir adelante en el mundo laboral donde los cambios son de hoy para mañana. Le aumentan responsabilidades que antes no tenía y le exigen actualizarse en temas que no le gustan, ni se siente capaz de asumir. Comienza a identificar una sensación de angustia y miedo.

En la siguiente visita con su doctora se planteó el trabajar con estas emociones que estaban surgiendo muy intensas y estaban pidiendo ser revisadas. En nuestras sesiones habíamos tratado el tema en varias ocasiones de una manera pasajera, esperando que fuera ella quien sintiera la necesidad y lo expresara.

 

La baja laboral

Había llegado el momento. Se visita con la médica de cabecera y le explica lo que estaba pasando en su vida. Le expuso su situación de dudas, miedos y terrores con respecto al trabajo, y le dio la baja por depresión.  Comienza la terapia psicológica.

Pasa un periodo muy oscuro, como si hubiera caído en un agujero negro del que “no ve cómo salir”, “ni sabe si saldrá”, tal como lo expresa ella. Desde fuera la observo dar vueltas sobre el miedo a ser y servir, exigiéndose a sí misma volver a la seguridad anterior. Ve horrorizada lo frágil y vulnerable que se siente, y le preocupa lo que su marido pueda pensar y sentir sobre ella, que siempre se había presentado como una mujer activa y con carácter. Se preguntaba ¿Dónde está esa mujer que yo era? Vamos juntas sosteniendo este espacio mientras el proceso sigue su camino y va llegando al fondo, la médica le va alargando la baja y le pauta medicación durante un periodo a modificar según la evolución.

Seguimos con los masajes y la reflexología, y hemos incorporado trabajos de visualización y relajaciones guiadas. Es un espacio que espera semanalmente, le aporta confort y le permite aflojar. Cada día desconecta mejor y se va notando el efecto del trabajo multidisciplinar: masajes, antidepresivos, homeopatía y psicoterapia. Pone mucha atención en las propuestas que le plantea la psicóloga. Ha vuelto a hacer algo que le gustaba mucho desde pequeña, nadar. Al mismo tiempo ha recuperado su habilidad natural para escribir, y ha pensado en comenzar un diario del proceso que está viviendo. Ha decidido también darse permiso para hablar con su marido de temas que normalmente no trataban y a presentarse ante él tal como se siente en ese momento: frágil, vulnerable y llena de miedos. Su marido, ante la situación, está abierto y dispuesto. Le cuesta entender qué ha pasado y se muestra colaborador, tal como dice “tiene ganas de verla feliz otra vez”.

En esta rutina van pasando las semanas, ella va procesando las emociones, y a la vuelta de las vacaciones de verano su médica le propone darle el alta, ya que su estado es mucho más sereno y equilibrado.

De vuelta al trabajo

Se incorporó al trabajo donde encontró que se habían producido cambios en los compañeros. Fue adaptándose y conociendo poco a poco a los nuevos, con los que entabló unas relaciones más abiertas y sinceras. Se sintió muy apoyada por todos ellos y se sorprendía de cómo podía ser tan diferente todo. En cuanto a sus nuevas responsabilidades se entrevistó con su superior y le expuso sus dificultades. Ambos se pusieron de acuerdo y entró en un curso de formación. Actualmente desempeña su trabajo con ilusión y no descarta la posibilidad de que en un tiempo no muy lejano se plantee una prejubilación. Todo dependerá de lo que las nuevas tendencias profesionales le exijan y la claridad con que ahora es capaz de mirar sus necesidades y las del otro.

Conclusión

En el caso de Anabel, un trabajo multidisciplinar físico, mental y emocional, le ha permitido situarse ante la vida laboral y de las relaciones desde una posición más positiva y creativa. Ha pasado por un espacio oscuro, donde el miedo, la duda y la inseguridad han reinado por un tiempo. Las ha podido mirar con coraje, y ahora disfruta de la fuerza y confianza que da superar aquello que te asusta.

 

Áurea Gómez Ergüin

Terapeuta manual, sofróloga.

Artículo publicado en la revista Integral en 2017

¿Qué entendemos por una relación “tóxica”? Planteamos la relación tóxica como una relación (pareja, amigos, familia…) que crea malestar constante y va mermando el bienestar de sus miembros sin aportar nada positivo ni constructivo. Puede parecer muy obvio no querer una relación así, pero, en realidad, es mucho más sencillo de lo que pensamos tener una relación tóxica, o más de una en nuestras vidas, y no acabar de detectarla o no poder ni querer dejarla.

Aceptamos que en nuestro alrededor hay personas muy distintas, unas más alegres y simpáticas que otras, más positivas o negativas… pero, ¿“tóxica”?

Todos tenemos nuestros malos momentos ¿no es así? Ahora bien, ¿es algo puntual que puedo aceptar por las circunstancias del momento? Después del mal trago y recuperada la calma, ¿me siento bien con esa persona? o, todo lo contrario. ¿es algo que se repite en la mayoría de encuentros con esa persona? ¿me angustia cada vez más? ¿me hace sentir impotente o culpable, sin recuperar la calma en ningún momento con ella? Si es así, podríamos estar ante una relación “tóxica”.

A la hora de enfrentarnos a nuestras propias reacciones y las de los demás, cada uno de nosotros somos diferentes. ¿Conozco bien mis reacciones ante diferentes situaciones? ¿Me he preguntado cómo me siento en las diferentes relaciones de mi vida? ¿Cómo se sienten los demás conmigo? ¿Me dicen que me quejo demasiado? ¿Hay alguien en mi vida que me hace sentir especialmente mal? ¿Me he planteado si es imprescindible para mí? ¿Lo pienso, pero no me veo capaz? ¿Me enfadado fácilmente por cualquier cosa?…

El caso que presentamos nos muestra alguna de las dificultades que pueden llevar a no detectar y/o no poder reconducir este tipo de relaciones que llamamos “tóxicas”, así como el trabajo realizado, en este caso concreto, para poder retomar el contacto con uno mismo, reconocer las propias necesidades y reconducir la relación, buscando alternativas de una forma sana y constructiva, fuera del enganche de esas relaciones “tóxicas”.

 

El caso de Marcello

 

Marcello (nombre ficticio) tiene 24 años, y viene a consulta planteando una dificultad de relación con su pareja. Hace tiempo que se siente mal con su novia y no sabe cómo resolver ese malestar y desea sentirse bien con ella. Marcello nos plantea cambiar “su sentir”, sin más, cree que él es culpable de su malestar.

Debemos conocerle mejor para ayudarle a descubrir cómo se activa ese sentimiento de malestar.

Nos cuenta que, al principio de la relación, él tenía muchos detalles con su novia. Le gustaba verla contenta y parecía que se le daba bien. Se considera un chico sensible, atento y detallista también con su familia y sus amistades. Poco a poco, a medida que compartían más tiempo y crecía la confianza entre ellos, su pareja empezó a encontrarle “pegas” a sus detalles y progresivamente a todo lo que él hacía. Ante esta situación, él respondía esforzándose más y más, intentando acertar en los detalles, estar más atento a las necesidades de ella… Y no parecía acertar en nada. Entonces empezó a notar que estar con su novia le creaba malestar y empezó a angustiarse ya que “no debería ser así”. Él estaba seguro de que ella le necesitaba y él no podía fallarle y tenía que llegar a ser feliz con ella, ¡sí o sí! No se planteaba otra alternativa.

 

Trabajo terapéutico

 

Proponemos explorar más en los detalles de su relación, cómo evoluciona hasta el estado actual, y un trabajo de auto-observación que le permita verse a él mismo en este proceso: sus emociones, pensamientos y acciones.

En cuanto a su pareja, relata que, ahora que la conoce mejor, observa que ella suele empezar con todas las nuevas relaciones de forma amable y cuando ya existe un vínculo de amistad dice: “ahora hay confianza, ya puedo decir lo que pienso”. A partir de ahí todo suele ser bastante negativo y reconoce que algunas personas acaban alejándose y dejan de quedar con ellos.

Eso también le preocupa. Le entristece pensar que ella podría quedar sola. En este punto nos centramos en lo que él siente y cómo se relaciona. Nos explica que tiene una amiga con la que se siente de forma parecida. Es una amiga de la infancia, han crecido juntos, son vecinos y ella se ha apoyado siempre en Marcello.

Le pedimos que concrete la situación que le crea el malestar parecido al de su pareja. Nos describe el hecho de la negatividad constante de su amiga, siempre está en queja de todo, también hacia Marcello, ante lo cual él se siente más obligado a hacer algo para hacer sentir bien a su amiga. Si le preguntamos por la experiencia, de años, con la amiga, reconoce que nunca ha sido capaz de hacerla sentir contenta un solo segundo y que, con el tiempo, él siente alivio cuando ella viaja por trabajo durante largas temporadas. Esa sensación de alivio le crea culpa y también le preocupa.  

Marcello va tomando consciencia de su necesidad de contentar a los demás hasta el extremo de verse como único responsable. Le ayuda su experiencia en el entorno familiar, donde su rol de “cuidador” y “detallista” está muy bien valorado, pero dónde se ve recompensado por el reconocimiento, sobretodo de su madre, pero también por el resto de la familia. Un hermano le refiere que no es agradable estar demasiado tiempo en compañía de su novia. En este punto empieza a plantearse de otra forma las dos relaciones que le crean malestar: empieza a ver cómo él se responsabiliza del bienestar de la pareja y de la amiga sin que estas le reconozcan esfuerzo alguno.

En las relaciones personales no siempre se puede actuar de la misma forma, ya que las personas son distintas y requieren estrategias diferentes dentro de la propia forma de ser de cada uno.

En este contexto de auto-observación Marcello empieza a ver su malestar, no como algo a eliminar, sino como un indicador de que hay que cambiar algo en su comportamiento con la pareja y con su amiga de la infancia.

“Desde mi forma de ser, que no me disgusta y me ha aportado buenas relaciones, ¿puedo hacer algo más para que mi pareja deje de verlo todo negativo? ¿realmente está en mi mano? ¿me siento yo escuchado por mi amiga de la infancia? ¿existen momentos agradables entre nosotros? ¿son suficientes para que me apetezca verlas? ¿qué espero yo de una relación de pareja?”

 

Evolución

 

A partir del trabajo de auto-observación y de aceptación de todo lo que iba descubriendo sobre sí mismo va haciéndose responsable de su propio bienestar. Marcello puede plantearse nuevas estrategias para relacionarse con personas que podríamos considerar tóxicas: tomar distancia (física y temporal en lo posible) para pensar en cómo se siente y qué le indica esa emoción respeto a lo que ocurre, y aprender a poner límites entre su necesidad de complacer y la necesidad del otro.

Se permite distanciar los encuentros con su amiga de la infancia sin esperar que la alejen sus viajes, así como acortar los encuentros a un café para ponerse al día y poco más, de forma que él se queda bien y le apetece volver a quedar.

Con su pareja, Marcello se permite empezar a decir lo que piensa sobre lo que quiere, sobre las quejas de ella, y a exponer también su necesidad de reconocimiento. Desde la calma se plantea llegar a conocer si realmente puede llegar a sentirse bien con su novia. “Quererse sin necesitarse”.

“Escucharse” implica aprender a ser el primer responsable del propio bienestar general y aceptar que, de la misma forma, el otro es el primer responsable de su propio bienestar.

Esto conlleva cuidarse a todos los niveles: ejercicio regular, comida saludable, aprender técnicas de relajación, relaciones satisfactorias

psicología medicina integrativa en Integral Centre Mèdic

M.Dolors Pallarès i Ramon,Psicóloga.

Articulo publicado en la revista Integral en  2017.

 

Entender las señales del cuerpo.

Como seres que hemos venido a experimentar una vivencia terrenal, pasamos por esta vida teniendo momentos de gozo y otros de aflicción. La disarmonía, las crisis o la enfermedad, son parte de nuestro desarrollo tanto físico, mental, emocional y espiritual.  Pero para salir de estos episodios más fortalecidos o más sabios, precisamos, no sólo transitar por estos malestares, sino aprender de ellos.

Y para ello, hace falta conocer las señales que, sobre todo, nuestro cuerpo nos muestra. Venimos provistos de un cuerpo que es más sabio en expresar de lo que somos capaces de interpretar. En él se acaba manifestando devisible, palpable, medible… el desequilibrio que se haya producido en el cuerpo vital o en el campo emocional y que no se haya podido resolver en un periodo prudencial. Por ejemplo, una mala gestión de la ira (campo emocional) puede provocar un desequilibrio digestivo (cuerpo vital) y acabar manifestándose a modo de úlcera de estómago en el cuerpo físico.

Desde la visión holística se buscará el origen de tal manifestación, pero a veces, no es tan fácil descubrir qué nos está mostrando y se precise de ayuda externa. El test de escucha es de utilidad para conocer una parte de esta información.

El test de escucha. Una prueba diferente a la audiometría

metodo tomatis en integral centre mèdic

 

El test de escucha es una de las herramientas más características del Método Tomatis®, creado por el Dr. Alfred Tomatis (1920-2001), otorrinolaringólogo e investigador. Determina no sólo la capacidad auditiva de la persona, como una audiometría convencional, sino que valora también su calidad de escucha.

La escucha es la capacidad de utilizar la audición de una manera voluntaria y atenta con el fin de aprender y comunicar sin que resulte perturbador a nivel emocional. Es una función cognoscitiva de alto nivel que introduce un factor psicológico emocional de trascendencia.

Este test va más allá del análisis órgano-mecanicista. No se pregunta por las causas físicas que le impide oír determinadas frecuencias, sino averiguar el porqué no se perciben a pesar de que fisiológicamente se pueda hacer.  El test revela cómo se adapta la audición al mundo sonoro que nos rodea.

Una petición del médico naturista

El médico naturista del centro me deriva un paciente suyo para realizarle un test de escucha. Se trata de Ramón, de 55 años, que acudió a su consulta hace cinco años con la demanda de cambiar sus hábitos de vida por problemas de salud sobre todo a nivel digestivo, algo de sobrepeso y una hipertensión que atribuía hereditaria, pero que empezaba a preocuparle por su edad, ante el riesgo de padecer un accidente cardiovascular. Después de un acompañamiento del médico naturista en su alimentación y una corrección paulatina de sus hábitos perjudiciales para él, hace tres años hizo el paso a una dieta vegetariana y desde entonces su peso se ha regulado, no ha padecido más molestias digestivas, se siente mucho más enérgico y realiza actividades en la naturaleza que le son muy satisfactorias.  Sin embargo, hay un factor que no se ha podido estabilizar, su tensión sanguínea.

Siempre cabía la posibilidad de atribuirle la causa al factor hereditario, pero como no nos gusta quedarnos con una visión determinista de las cosas, y abrir nuevas posibilidades para hacer algo “por y para nosotros” es una perspectiva que Ramón comparte, se plantea realizar la prueba para buscar otra información.

 

metodo tomatis en integral centre medic con Rosa Chacón

El test y su resultado

El test se realiza en un espacio no insonorizado con la función de observar la escucha en un espacio de normalidad cotidiana.

Las pruebas que se le realizan son el test de los umbrales en los dos oídos, en conducción aérea (por el conducto auditivo externo) y ósea (por el hueso mastoideo); análisis de la selectividad: la percepción y análisis entre agudos y graves; el estudio de la “espaciliazación”: la localización espacio-temporal del oído; y la investigación del oído rector: el poder de autocontrol tanto de la escucha del lenguaje que procede del otro, como de la propia habla.

El perfil sugerido por el test de escucha de Ramón es el reflejo particular al entorno sonoro, mostrando sus estrategias de atención auditiva y de gestión emocional en las situaciones de comunicación y de aprendizaje.

Pero, Ramón es mucho más que un test de escucha. Debemos tenerlo claro a la hora de hacer cualquier interpretación de los resultados. El test abre hipótesis de trabajo por donde investigar aquello que resulte significativo para él.

Lo más destacable en su caso, fueron para ambos oídos una distancia marcada entre las curvas aérea y ósea (una curva aérea normal y una retracción de la curva ósea), y una selectividad claramente cerrada. El resto de parámetros se encuentran dentro de lo establecido como normalidad.

Este perfil sugiere la activación de un mecanismo inconsciente de defensa emocional a lo que puede ser percibido como agresivo y una manera de enfocarlo desde la desconexión consigo mismo para poder continuar como “si no pasara nada”.

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Información para pasar a la acción

A través de esta información, Ramón empieza, por un lado, a valorar los importantes cambios que ha experimentado en estos últimos años. Sus hábitos de vida saludables han mejorado significativamente su salud física e incluso su nivel de energía y actividad. Sin embargo, se plantea cómo se ha relacionado ante lo que para él podría generarle algún conflicto interno.

Empieza a ser consciente de su papel de intermediador entre los conflictos de los demás, las personas cercanas le demandan ese papel de conciliador y él no sabe decir que no.

De hecho, teme más ser copartícipe de un conflicto y acaba sugiriendo salidas, aunque ello suponga renunciar a sus propios deseos.

Se considera una persona con mucha voluntad y compromiso para llevar a cabo cambios a nivel individual pero cuando está en comunidad, escuchar diferentes criterios y maneras de percibir el mundo, le genera ansiedad. La forma de contrarrestarla es no exponerse a esas situaciones. “No puedo cambiar al prójimo, me aíslo”.

Empieza a plantearse que esta situación de contrariedad, por un lado, intermediar conflictos ajenos, por otro lado, evitar los propios, es un nexo de unión a su padre, ¡así como la hipertensión!

Una “herencia” de la que le gustaría desvincularse. Sin duda, se baraja la posibilidad de que su tensión elevada sea una manifestación en el físico de un desequilibrio en el campo de la gestión emocional.

Para Ramón, esta lectura tiene sentido para entender lo que él vive, así que pasamos a las propuestas de acción.

Inicia la audición de un primer programa del método Tomatis® de 26 horas de música tratada con el objetivo de conectar con él mismo y su propio deseo (autoescucha), para poder escuchar a los demás sin que le perturbe y empoderarse para gestionar su relación con los demás desde la asertividad.

Seguro que, con su compromiso y voluntad ya demostradas, esa tensión interna expresada a través de su sangre mejorará rápidamente.

 

Rosa Chacón Pena, maestra, postgraduada en mediación y formada en método Tomatis®.

Artículo publicado en la revista Integral en 2017.

Esa es la gran pregunta que nos hacemos bajo un deseo, totalmente lícito, de que las cosas sean siempre buenas, bonitas y de color de rosa. En nuestra cultura planteamos la dicotomía entre “bueno” y “malo” como algo fácil de distinguir y al alcance de todos y que debe guiar nuestras vidas siempre hacia lo “bueno”.

 

Me permito hacer referencia al cine, donde una reciente película sobre emociones, expone como la vida y todo lo que conlleva, en especial las emociones, no son tan fácilmente clasificables sólo en “bueno” o “malo”. Me gusta en especial la escena donde el personaje que representa a la “alegría” le marca un circulo con tiza en el suelo a la ”tristeza” pidiéndole que no se mueva de ahí. ¿Cuantas veces en nuestra vida no hemos intentado contener, frenar, no sentir…como lo queramos llamar, alguna de esas emociones que consideramos “malas”? Las emociones que menos nos gusta “sentir” también están ahí y no es por nada, todo lo contrario, nos informan y nos ayudan a enfrentar nuestras experiencias de una forma mucho más rica y compleja, es decir, mucho más acertadamente.

 

Aunque nos cueste de creer, perder el miedo a sentir miedo, rabia, tristeza, asco…nos da acceso a ese equilibrio que, muy graciosamente, se muestra en la película en la mente de los adultos: una mesa de todas las emociones bien avenidas y cada una con su propio espacio y tiempo para intervenir. No hace falta decir que es una representación de un adulto ideal, es decir, emocionalmente maduro, lo cual en la vida real no siempre es así, la edad no conlleva por si sola madurez.

 

En este artículo planteamos precisamente la necesidad de conocer y aceptar todas nuestras emociones para vivir en ese equilibrio en que no todo es alegría pero hay paz.

 

El caso de Marta

 

Marta (nombre ficticio) tiene 37 años, está casada y tiene una hija de 9 años. Se considera una persona feliz a la que las cosas no le han ido mal. Tanto su pareja como ella son autónomos y la crisis les ha afectado en el nivel de ingresos aunque siguen trabajando, tal como expresa ella. Se describe como la positiva de la pareja y se queja de que su marido esté permanentemente preocupado por la crisis. Para ella todo tiene solución y lo que importa es no perder la alegría. Aun así, el último año dice sentirse demasiadas veces triste, con una sensación de opresión constante en el pecho, como “si no tuviera energía para sentirse bien”.

 

A veces se da cuenta de que está muy irritable y se enfada por todo. Describe a su hija como una niña alegre y dócil por lo que no entiende su mal humor con ella. Comenta no poderlo comentar con su pareja porqué, según ella, no la entiende y se enfada, cosa que ella no soporta.

 

Cuando le pregunto qué es lo que quiere trabajar en terapia me dice que quiere recuperar la alegría que la caracterizaba, que ella nunca estaba triste ni se enfadaba con nadie, y que quiere tener la fuerza para no dejar que las cosas que no van bien a su alrededor la afecten en su estado de ánimo. Cuando se enfada con su hija se siente culpable y entristece por no verse capaz de mantener la alegría a pesar de los contratiempos, y con su pareja se frustra al no poder hablar sin enfadarse.

 

Trabajo terapéutico

 

Empezamos un trabajo de auto-observación y reconocimiento de su relación con las distintas emociones en diferentes situaciones y experiencias de su vida. De esta forma Marta puede ir identificando su tendencia a ver siempre las cosas en positivo como forma de evitar contactar con la tristeza, la decepción o la frustración.

 

Describe escenas de su infancia en las que recuerda una gran tensión por controlar su entorno, llorar fácilmente por una regañina, dolor de estómago cada mañana antes de ir a la escuela donde era una “buena niña”… No soportaba que nadie tocara sus cosas y lo necesitaba todo en orden, algo que se valoraba positivamente en la familia. No soportaba las discusiones y los conflictos, ante lo cual desarrolló una hábil faceta de decir lo que se esperaba evitando enfrentamientos e intentar hacer lo que quería con disimulo. Aunque reconoce que no siempre se salía con la suya y cuando la reñían se sentía profundamente culpable.

 

Marta va tomando conciencia de cómo va desarrollando una actitud de bloqueo ante situaciones desagradables para evitar conflictos y, posteriormente, fantasea una realidad mejorada y elabora un discurso distorsionado para a minimizar el dolor emocional que produce la tristeza o la rabia. De ahí esa necesidad de sentirse siempre alegre: eso era lo único “bueno” y era lo única que quería.

 

La facilidad para fantasear es como su refugio que la aleja del malestar, pero también de la realidad inmediata, y eso le ha acarreado más de un descuido más o menos importante en su día a día… lo que la lleva de nuevo a culparse, sobretodo en el ámbito familiar.

 

Planteamos la necesidad de reconocer y permitirse “vivir” el dolor de esas emociones para poder recibir la información que conllevan y dar sentido al momento actual. Marta empieza a reconocer que negar la tristeza o la rabia le hace desconocerlas y manejarlas peor. Si no aprendo a aceptar qué es lo que a mi me enfada o entristece todo pierde sentido y no sé por dónde tirar. Ese es el momento actual de Marta.

 

Desde su propósito de estar siempre contenta ha llegado a un elevado nivel de auto-exigencia por ser una buena persona, considerando “buena persona” como alguien siempre de buen humor, educado, correcto y sin fallo alguno. Revisamos este mensaje que activa el miedo y la mantiene en un estado de alerta considerable para no perder el control y, a la vez,  tampoco le permite estar contenta. También revisamos la coherencia de la tristeza y el enfado ante tal exigencia desmesurada.

 

Evolución

 

Al reconocer su sensibilidad ante el dolor, Marta empieza a aceptar que se trata de regular pero no de evitar esas emociones ya que, como dice ella: “igual que creo que mi hija tiene derecho a sentirse triste cuando no puede ir de excursión o a enfadarse incluso, yo debería darme ese permiso cuando algo me disgusta”.

 

Proponemos ejercicios donde ella se vea capaz de plantear un desacuerdo, empezando por las personas más próximas y de más confianza, y así ir observando y aceptando sin miedo la emoción. En un principio le parece imposible pero, poco a poco, reconoce que con las personas que la conocen bien no le ha sido tan difícil como creía y las respuestas son más variadas y tolerables de lo que esperaba, la situación no se descontrola.

 

A medida que se va permitiendo expresar su opinión cuando puede ser contraria a la de los demás también observa que se vuelve más tolerante con su entorno, incluso en el orden. Reconoce que pensar en su hija le es muy útil en ocasiones y le ayuda.

 

Poco a poco va experimentando una mejora en su sentir general y empieza a verse de mejor humor, a recuperar las ganas de estar con gente sin miedo a no estar a la altura. Según resume ella misma: “nunca hubiera pensado que para poder estar relajada y alegre tuviera que aceptar estar triste con o sin sentido y no tener miedo a los enfados, tanto míos como de los demás…”

 

El proceso de auto-observación nos permite conocernos mejor, aceptar que todas las emociones nos aportan información relevante, y aceptar que, desde nuestra personal forma de ser, podemos aprender a regular nuestro mundo emocional para sentirnos mejor en todas las facetas de nuestra vida.

Al aceptar como somos crecemos en autoestima y confianza, lo que nos hace más fácil reconocer y aplicar nuestros recursos personales ante las situaciones conflictivas, lo que nos aporta satisfacción y de nuevo refuerza nuestra autoestima.

Realmente no podemos estar siempre contentos, pero precisamente eso nos hace valorar mejor los momentos de alegría.

M.Dolors Pallarès i Ramon,Psicóloga.

Artículo publicado en la revista Integral en 2015.

 

 

XXXV CONGRESO AEMN

Pedro Ródenas_Diferentes formas de entender la medicina integrativa

De la Medicina Naturista hacia la Medicina Integrativa
Barcelona 21 y 22 de Octubre de 2016