Obesidad, hipertensión, colesterol, triglicéridos y glucosa elevados

 

El síndrome metabólico es una suma de factores que hoy en día está muy presente en nuestra sociedad,y es el resultado de la sobrealimentación que se traduce en lo que podríamos llamar enfermedades de depósito o exceso. Depósito de grasa en los adipocitos, exceso de proteínas y grasa que se acumula en las arterias y capilares dificultando el flujo de glucosa, insulina y líquidos hacia el espacio intersticial y las células, acumulándose en sangre y dando lugar a diabetes del adulto y la hipertensión.

Las personas con estos factores tienen más riesgo de sufrir una arteriopatía coronaria (angina de pecho o infarto de miocardio) o un accidente cerebrovascular (ictus), y muchas veces acaban polimedicados.

EL CASO DE LUIS

Luís es un varón de 58 años que acude a la consulta porque hace tiempo que no se encuentra bien. Desde la adolescencia siempre ha arrastrado un problema de obesidad, y hace aproximadamente tres años que se medica porque la tensión arterial la tiene alta. En las analíticas los triglicéridos y el colesterol salen algo elevados, pero hace dos semanas que se hizo la última y los valores se han disparado: 320 mg/dl de triglicéridos,cuando lo normal es inferior a 150, y 280 mg/dl de colesterol total con un colesterol bueno (HDL) muy bajo, de 38 mg/dl. Además, el azúcar (glucemia) le sale por primera vez alto (160
mg/dl en ayunas). Todas estas circunstancias le han hecho tomar la decisión, antes de empezar a tomar los fármacos que le proponen, acudir a nuestra consulta para ver si puede corregir todos estos problemas sin medicación.

LA HISTORIA CLÍNICA

Como antecedentes patológicos refiere una intervención quirúrgica de apendicetomía y una extirpación de la vesícula biliar por litiasis.
Está separado y sin hijos. Vive sólo en un piso en el centro de la ciudad.Tiene un trabajo sedentario y de responsabilidad,ya que es director de una oficina bancaria, lo que le comporta mucho estrés.
No hace actividad física. Comenta que no tiene tiempo. Llega a casa cansado y sin ganas de hacer nada. No fuma. Toma tres cafés con azúcar y una cerveza diariamente.El fin de semana toma alguna copa de licor y un par de coca-colas.
Durante las comidas bebe uno o dos vasos de agua. Su tránsito intestinal es de una vez cada dos días y con cierta dificultad.
Desayuna y come fuera de casa y la dieta que sigue es básicamente rica en proteínas y grasas animales (embutidos,carnes, lácteos, huevos…), pastasrefinadas (abundante pan, pizzas, pasta…)y dulces como postre (flan, helado,pastel…) o desayuno (bollería en el café matinal). En cambio, apenas toma fruta, ensalada y verdura.
Duerme apenas seis horas y media al día y se levanta cansado.
Mide 1,69 cm y pesa 91kg, la tensión arterial en la consulta está 14/9 y el pulso 76/minuto.
Mientras recogemos toda esta información,él mismo es consciente de lo mucho que puede mejorar sus hábitos.En realidad, hace tiempo que se lo plantea, pero las alteraciones en la última analítica le han dado la motivación definitiva para iniciar un cambio.

ANÁLISIS DE LA SITUACIÓN

Una vez recogidos los datos de la historia clínica los relacionamos con su estado de salud. La sobrealimentación proteica y grasa y de productos refinados,acompañada con una vida sedentaria,como base de su obesidad crónica. Hablamos de cómo estos alimentos, junto al alcohol, también elevan los niveles de grasa en sangre (triglicéridos y colesterol),y la glucemia por el estrés que recibe el páncreas con la entrada masiva de azúcares, incluidos los procedentes de dulces y bebidas edulcoradas.
Le recuerdo que la cafeína, presente en el café y la coca-cola, es un estimulante y un factor hipertensivo, que se suma al estrés y al esfuerzo que sufre el corazón al movilizar de forma cotidiana un exceso de unos 20 kg.

PROPUESTA DE RESET VITAL

A grandes cambios, grandes resultados. Le propongo hacer un reset vital. Parar, limpiar y reiniciar con nuevos hábitos.Él tiene ganas de volver a coger el control de su vida,y se siente ilusionado, pero tiene dudas sobre si será capaz.
Le comento que la medicación de la hipertensión no podrá dejarla, al menos por el momento, y que las estatinas y la medicación hipoglucemiante no la tome hasta que veamos la respuesta del cuerpo después del tratamiento.
El plan es hacer, un tiempo corto, 15 días, una dieta depurativa e hipocalórica para disminuir peso, depurar y bajar los niveles de triglicéridos, colesterol y glucosa. En estas dos semanas deberá evitar los hábitos tóxicos: alcohol,café y coca-cola. No tendría sentido estar limpiando por un lado y “ensuciando” por otro. Le advierto que tendrá seguramente cefalea importante los dos primeros días debido al “mono” o síndrome de abstinencia de la cafeína, y que luego desaparecerá para no volver. Con la bajada de peso y la supresión de la cafeína también la presión arterial podrá disminuir algo.
La dieta incluye un caldo depurativo que tomará con el zumo de limón y una cucharada de levadura de cerveza que tomará veinte minutos antes de cada comida, tres veces al día. El desayuno es fruta ácida sin límites (naranja,mandarinas, kiwi, fresones, piña). A media mañana igual que a media tarde manzana o pera. La comida y la cena serán un plato de ensalada variada seguido de uno de verdura con una patata mediana no existen límites de cantidad excepto en el aceite, que será de primera presión en frío.
Le receto fitoterapia para ayudar al hígado en la limpieza(boldo, alcachofera…) y para disminuir la ansiedad(valeriana, pasiflora, flor de azahar…)
Le aconsejo una ducha matinal con cepillado y agua fría final, para estimular la circulación y aumentar la elasticidad vascular (dilatación con el calor y contracción con el frío). El cepillado además ayuda a movilizar la grasa de los adipocitos y elimina las células muertas de la piel (exfolia). De momento no le indico ejercicio para no incrementar su agobio por falta de tiempo.
Le pido que controle en la farmacia, al inicio y al final del tratamiento, la tensión arterial, la glucemia, el colesterol y los triglicéridos.

A LAS DOS SEMANAS

Luís vuelve a la consulta y lo primero que hacemos es una valoración del tratamiento. Él se puntúa del 1 al 10 según el seguimiento de los hábitos tóxicos, la dieta, la fitoterapia y las aplicaciones, lo que a mí me sirve para ver resultados en función de lo realizado.
La verdad es que está sorprendido porque le ha costado menos de lo que pensaba, y además se encuentra más contento, porque el hecho de controlar el mismo la situación, y hacer aquello que hacía tiempo quería hacer y no conseguía, le ha aumentado mucho la autoestima.
Eso sí, refiere que los dos primeros días la cefalea fue importante, pero le sirvió para ser consciente de lo “enganchado” que estaba a la cafeína.
Ha perdido peso (4kg) y volumen, y por tanto se encuentra más ligero y vital. Además, va de vientre una vez cada día, sin dificultad. La glucemia se ha normalizado (105 mg/dl) y los triglicéridos (240 mg/dl) y el colesterol (230 mg/dl), han disminuido de forma importante en sangre.Esto es un hecho habitual con este reset inicial. Luego cuesta más mantenerlo. La tensión arterial se estabiliza en valores normales, pero algo más bajos (12/7,5).
Comenta que la ducha matinal lo espabila mucho, hasta el punto que no nota a faltar el café.
Le indico que siga el mismo tratamiento tres semanas más, intentando dar un paseo diario de una hora, ya que está más animado y se siente más ligero. La dieta la ampliamos con proteína vegetal: 3 veces a la semana tofu y 2 seitán de espelta, a la plancha, sin fritos. Él me comenta si puede ser proteína animal, puesto que la nota mucho a faltar, y entonces le recomiendo que cambie el tofu por pescado y el seitán por carne de ave ecológica.

EVOLUCIÓN

Han pasado tres meses y Luis pesa 75kg, y excepto la medicación hipertensiva que se ha disminuido pero que no ha sido posible suprimir, hemos conseguido normalizar glucemia, triglicéridos y colesterol. A partir de ahora haremos un seguimiento a largo plazo para vigilar si se mantienen en niveles correctos o si hace falta complementar con fitoterapia u otros preparados, antes de recurrir a la medicación farmacológica.
Para llegar hasta aquí y como ayuda para reducir los últimos kilos que son los más difíciles ha hecho los dos últimos meses una sesión semanal de masaje para movilizar grasa, acompañado de drenaje linfático.
Le propongo pasar ya a una dieta completa y equilibrada de mantenimiento, y a mantener una actividad física regular, y por supuesto el uso del agua fría al final de la ducha o baño. En cuanto a los hábitos tóxicos, le recomiendo que los deje para situaciones puntuales (si es que los necesita). Le aconsejo, que inicie ya un trabajo psicofísico para regular más la tensión arterial (relajación,meditación, sofrología…), ya que el estrés se mantiene, aunque lo viva mejor. Quedamos en vernos en seis meses o cuando él lo necesite.

CONCLUSIÓN

El síndrome metabólico es una situación de riesgo para la salud, que con un cambio de hábitos y de actitud del paciente puede corregirse de forma importante, sobre todo si se trata al inicio, y aunque el resultado no sea siempre cien por cien el deseado, haciendo imprescindible tomar alguna medicación, la calidad de vida aumenta y la posibilidad de que aparezcan las complicaciones (angina,infarto o ictus) u otras patologías disminuye al adquirir la persona el conocimiento en recursos de salud.

PEDRO RÓDENAS, MÉDICO NATURISTA

 

Pedro Ródenas. Médico (con la colaboración y aportaciones de otros profesionales)

 

Posicionamiento:

  • No todas las vacunas se han de valorar igual, de la misma forma que no todas las enfermedades son iguales ni tienen los mismos riesgos para la salud. Para ajustarnos a la realidad debemos estudiar por separado cada vacuna y decidir en cada caso el balance: riesgo-beneficio. No debiéramos hablar sobre vacunación o no vacunación, de vacunalista o antivacunalistas.

 

  • a la recomendación, pero no obligatoriedad, de las vacunas para enfermedades infecciosas graves (difteria, polio, etc.) sobre todo en zonas endémicas o de riesgo.

 

  • Cuestionamiento de las vacunas para enfermedades infecciosas no graves, de buena evolución con un tratamiento correcto o no supresivo (parotiroiditis, tosferina, varicela, etc.), de las vacunas de poca eficacia (gripe, etc.) o experimentales (VPH, etc.).

 

  • Valorar vacunas en situaciones específicas como las de la fiebre amarilla, meningitis, hepatitis, etc.

 

Reflexiones:

  • La vacunación se basa en el concepto de inmunidad específica para cada enfermedad. Si ya es imposible garantizar con la vacuna la protección total de cada individuo para cada infección, todavía es más complejo garantizarlo para la mayoría de las infecciones u otras patologías.  Es importante escoger las vacunas necesarias en función de la gravedad de la enfermedad, de su efectividad y de su mejor tolerancia para el organismo. Es prioritario seleccionar y vacunar con criterio.

 

  • Reconocer la vacuna como medicación con riesgos para la salud, tanto a corto como a largo plazo. A día de hoy, solo se valoran algunos de estos efectos y no todos son recogidos por falta de hábito o a causa de la falsa creencia de que las vacunas no tienen efectos secundarios. Introducir restos biológicos, víricos o bacterianos, substancias tóxicas como el mercurio y el aluminio, en un sistema inmunológico inmaduro, como es el de un bebé, puede tener consecuencias no deseadas a largo plazo. La evidencia científica dice que cuando introducimos cambios no fisiológicos en un ecosistema, alteramos el resto de ecosistemas del cual éste forma parte. No es fisiológico el contacto con diversos antígenos de enfermedades infeccionas infantiles al mismo tiempo o en pocos meses, situación que sí ocurre con las vacunas múltiples.

          Referencias 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11, 12, 13, 14, 15, 16, 17, 25, 26, 27, 28 y 29.

 

 

  • Reconocer en la disminución de las enfermedades infecciosas la importancia de la higiene y los cambios sociales, además de la cobertura vacunal. Muchas vacunas se introdujeron cuando las epidemias ya estaban en plena curva descendente. Este hecho es poco valorado y la mayoría de veces no se expresa.

 

          Referencias 18 y 19.

 

 

  • Importancia del terreno que permite que una infección se instale o no. Reconocer el papel destacado que juega la inmunidad global, inespecífica y específica, de cada persona en el control de las infecciones. Inmunidad relacionada con los hábitos de vida y con tratamientos que ayudan a la homeostasis “equilibrio o estabilidad” del organismo. No todas las personas que están en contacto con agentes infecciosos desarrollan la enfermedad. En cambio, otros casos que si padezcan la infección pueden obtener una inmunidad definitiva sin necesidad de recuerdos.

 

          Referencia 20.

 

Peticiones y necesidades:

  • Vacunar es un acto médico en el que se receta un medicamento donde es necesario una historia clínica para individualizar el tratamiento en función del estado de salud y las circunstancias particulares de cada persona, en cada momento. No se puede indicar una medicación para todos sin valorar cada situación. Lo contrario puede considerarse mala praxis.

 

  • Debería considerarse también mala praxis, ante la necesidad de protegerse de una infección o patología, tener que recibir obligatoriamente la vacuna específica asociada a otras no requeridas, hecho que aumenta los costes y sobre todo los riesgos para la salud. Es necesaria la existencia de la opción de la vacuna simple. Si alguien quiere vacunarse de la difteria exclusivamente, no tiene por qué vacunarse también del tétanos y de la tosferina o viceversa.

          Referencias 21 y 22.

 

 

  • Existe un riesgo en vacunar y un riesgo en no vacunar. Cada persona decide el riesgo que quiere asumir como individuo y como padre/madre.

 

 

  • Un acto médico, como lo es la vacunación, debería ir acompañada de un consentimiento informado de la persona a la que se propone la vacunación, si es adulto, o de los padres de la criatura, si ésta es menor de edad, conforme se han explicado tanto los riesgos como los beneficios de las vacunas. 

 

  • Necesidad de formación de aquellos profesionales que diagnostican, vacunan o indican vacunación sin conocer su grado de efectividad, sus riesgos, y que en ningún momento han contrastado sus conocimientos con los argumentos de otras opiniones. El no conocer en profundidad todos los aspectos de la efectividad de las vacunas, puede contribuir a un infradiagnóstico y facilitar la propagación de la enfermedad, por ejemplo, al considerar erróneamente que los vacunados no pueden padecer la infección, y por lo tanto no diagnosticándola, poniendo en riesgo a toda la población.

          Referencia 23.

 

  • Dar información a aquellos padres que vacunan o no vacunan a sus hijos, sin ningún conocimiento de los riesgos y beneficios de la vacunación.

 

  • No culpabilizar a los padres informados que deciden no vacunar por considerar superiores los riesgos a los beneficios. Evitar convertirlos, a ellos o a sus hijos, en “apestados” o excluidos sociales (con exposición pública de la familia ante toda la sociedad), puesto que los vacunados también pueden padecer la enfermedad, ser portadores e infectar a los no vacunados o vacunados mal protegidos, o que no han recibido todas las dosis de recuerdo (la mayoría de los adultos), independientemente del origen del brote infeccioso que podría ser común. Ninguna vacunación protege el 100%. Es poco riguroso decir que un niño no vacunado de difteria y que ha fallecido por esta enfermedad, se habría salvado si hubiera estado vacunado. Por ejemplo, en el año 2010 hubo un brote de difteria en Brasil y lamentablemente fallecieron tres niños, y en esa ocasión dos estaban totalmente vacunados (ver referencia). Lo correcto es decir que hubiera tenido más probabilidades de no padecerla ya que si hubiese recibido tres dosis, la protección sería de un 95,5% y si hubiera recibido cinco, de un 98,4%. Tampoco es riguroso decir que los vacunados portadores se aíslan y se medican para proteger a los no vacunados. Debería añadirse que es para proteger también a los vacunados sin dosis de recuerdo y al 1,6 – 4,5%, en el caso de la difteria, de los correctamente vacunados no protegidos (de 16 a 45 por cada mil vacunados).

          Referencia 24.

 

  • Invertir recursos económicos en investigar los efectos secundarios a corto y largo plazo de las vacunas, para facilitar así una decisión lo más ajustada posible a la realidad. Estudiar la sugerida y posible relación del incremento de enfermedades del sistema inmunitario (alergias, enfermedades autoinmunes y degenerativas) y la vacunación masiva y sistemática de la población.

          Referencias 3, 4, 5, 16, 25, 26, 27, 28 y 29.

 

  • Necesidad de que la administración asuma la responsabilidad, reparación de los daños o indemnizaciones de los efectos secundarios de las vacunas, como sucede en otros países como EEUU.

 

  • Dar el mismo trato mediático a las informaciones provacunas como a aquellas que las cuestionan de forma documentada, y también a las complicaciones graves, incluso de fallecimiento, tanto de un vacunado como de un no vacunado. No se pueden criminalizar algunos casos no vacunados y silenciar el mismo resultado en personas vacunadas. Existe un “colectivo de afectados por las vacunas” que es ignorado por la Administración y la Sanidad protectora de “toda” la población.

 

Conclusiones:

  • Es necesario el conocimiento de todas las opiniones documentadas, sin prejuicios, para llegar a conclusiones menos discriminatorias, más neutrales, justas y equilibradas, en beneficio de la salud de la población, respetando siempre el derecho a la libertad individual de decisión. Esto es imprescindible en la elaboración de cualquier código deontológico para profesionales sanitarios.

 

  • Necesidad de crear una comisión de profesionales de diferentes opiniones y sin implicaciones o intereses económicos, que estudie a fondo y cree las líneas de investigación necesarias, con el fin de conseguir un planteamiento consensuado y coherente que oriente a la población en la toma de sus decisiones.

 

 

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La Asamblea General de la Organización Médica Colegial (OMC), que representa a todos los Colegios de Médicos Oficiales de España, en su reunión del 24 de marzo de 2017, dio luz verde a un observatorio contra pseudociencias, pseudoterapias, intrusismo y sectas sanitarias.

Como médico colegiado en 1978 y practicante de la medicina naturista e integrativa, tengo la necesidad de hacer algunas reflexiones y comentarios personales sobre el documento elaborado por este observatorio.

Sobre la autoría del documento

Puede haber estado planteado con buena intención, pero ha sido ejecutado de forma sesgada y sin un mínimo de dialogo ni contraste de los datos.

En primer lugar, quisiera destacar que este informe lo han elaborado profesionales que desconocen la realidad y la práctica de la materia que tratan, y que en ningún momento han dado la oportunidad a los miles de profesionales licenciados en medicina que la ejercen, y a los pacientes que reciben estos tratamientos, a dar su opinión. Sólo en el Colegio de Médicos de Barcelona, somos más de 800 médicos colegiados los que hemos ampliado nuestros conocimientos con otros criterios médicos o recursos terapéuticos para poder ayudar mejor a nuestros pacientes. Puedo afirmar que en los 18 años que he estado al frente de la Sección de Médicos Naturistas del COMB, junto con mis compañeros, nunca hemos recibido una petición de información de qué hacemos y en que nos basamos para hacerlo.

Además de poco ético, me parece algo inquisitorial, juzgar y condenar a profesionales sin ni siquiera darles la oportunidad de expresarse o de que aporten estudios clínicos, trabajos o experiencias publicadas, para defenderse. Peor aún, y esto sucede en este documento, es señalar con el dedo a personas concretas sin juicio previo. Me parece que esto no es nada riguroso ni propio de una organización como la OMC. Además, teniendo en cuenta que algunas de ellas tienen una amplia formación médica, incluso hay quien ha estado al frente de hospitales reconocidos en otros países (Alemania), que atienden a miles de personas anualmente, utilizando recursos de un criterio médico (Antroposofía) que en este documento ha estado calificado despectivamente de secta.

Sobre el lenguaje del contenido

Cualquiera que lea las definiciones que se hacen en este documento, se dará cuenta que éstas son ofensivas, simplistas, llenas de prejuicios, prepotentes (desde la única verdad), sectarias. Y si las lee alguien que practique alguno de los criterios o terapias que se mencionan se hará patente que están escritas desde el desconocimiento o la ignorancia.

Es una suma de descalificaciones por igual, tanto para los criterios o terapias más contrastadas y con más evidencia, como para las menos fundamentadas. No hay un mínimo de rigurosidad ni ecuanimidad.

Se ironiza sobre conceptos como: “la idea que el cuerpo se cura a sí mismo”, “memoria del agua”, “al observar, creamos la realidad o la modificamos”, “energías vitales”, “Integrar el cuerpo, la mente y el espíritu”, “enfermedad como producto de un conflicto emocional inconsciente no resuelto” … y se afirma que “encontramos víctimas por el abandono o retraso del tratamiento real”, y se habla del “abuso del lexema terapia para hablar realmente de bienestar”.

Negar que el cuerpo se cura a sí mismo es desconocer la fisiología e ignorar todos los mecanismos de autorregulación u homeostasis del organismo. Gracias a ellos nos mantenemos vivos. Desde la cicatrización de una herida a la fiebre como mecanismo de defensa ante las infecciones son demostraciones de este hecho. Entender cómo funciona esta fuerza curativa y colaborar con ella es terapéutico.

La “memoria del agua” debería despertar el interés del verdadero científico más que incitar a la burla arrogante. La ciencia está para intentar explicar lo que no se entiende, en lugar de decir que no existe lo que no se puede explicar. El que no se pueda encontrar o medir hoy en día una sustancia diluida en el agua no quiere decir que no quede la información. Todos sabemos que vibración es información y dentro de las moléculas de oxígeno e hidrógeno que forman el agua, más allá de lo que nosotros vemos, hay materia subatómica y todo un ecosistema para grabar información. Esto explicaría el efecto terapéutico real de la homeopatía en bebés, animales y tejidos, situaciones en las que no es posible el efecto placebo. También explica porque millones de personas y miles de profesionales formados (médicos) utilizan esta disciplina durante toda su vida profesional o de paciente, situación que no se daría si fuera un fraude.

Es evidente que nuestra realidad la construimos en función de nuestra percepción de las cosas. Este debate que estamos teniendo es consecuencia de la una visión reduccionista frente a una sistémica. Unos ven un tumor y otros vemos una persona con todos sus problemas orgánicos, emocionales y afectivos que expresa su desequilibrio a través de un tumor. Se puede simplemente extirpar el tumor o además acompañar a la persona en la resolución de sus problemas orgánicos, emocionales y afectivos, haciendo más difícil que este problema, u otros, se vuelva a manifestar.

Descartar el concepto de energías vitales simplemente porque no se pueden medir, es lo mismo que decir que los microorganismos no existían hasta que apareció el microscopio electrónico. No existe solo lo que la ciencia ha descubierto hasta ahora. Nadie puede negar que entre una persona viva y una que acaba de fallecer la diferencia está no en lo que vemos y medimos, sino en la energía vital que lo sustentaba y lo había mantenido en vida hasta ese momento.

Integrar cuerpo, mente y espíritu, no es una ilusión. Es reconocer que no solo somos animales que pensamos, sino que somos personas que tenemos metas, ilusiones, sentimientos y necesidades afectivas y de realización personal.

Negar que la enfermedad puede ser producto de un conflicto emocional inconsciente no resuelto es desconocer como las emociones, especialmente mantenidas en el tiempo, movilizan hormonas, neurotransmisores, mecanismos de la inmunidad…alterando el equilibrio interno que nos lleva a la enfermedad. Opino que evidentemente no siempre son la causa primera del problema, pero creo que su presencia es frecuente y colabora en su génesis. Por ejemplo, una persona que mantenga el odio y la intolerancia de forma permanente es un firme candidato a favorecer y padecer patología. Identificar el problema, elaborarlo y superarlo, es una ayuda importante para la solución, aunque estoy de acuerdo en que no es la única intervención terapéutica a realizar.

En cuanto a referirse que encontramos víctimas por el abandono o retraso del tratamiento real cuando se realiza un tratamiento no convencional, podríamos discutir los casos. Como mencionaré más adelante, ¿cuántas personas confiadas en sus fármacos “reales” (antiinflamatorios, antiácidos, antihistamínicos, antitérmicos, antihipertensivos…), son víctimas del abandono de la mejora de sus propios hábitos saludables y de la cronificación del proceso?

Decir que se abusa del lexema terapia para hablar realmente de bienestar es, para mí, desconocer uno de los principios fundamentales de la medicina. Me refiero al aforismo hipocrático, totalmente vigente hoy en día, de que “lo que previene cura”. Mantener el bienestar es mantener el equilibrio en nuestros ecosistemas internos y relacionarnos de la mejor forma posible con los ecosistemas externos. Se define terapia como una intervención médica destinada a corregir los síntomas o las causas de un problema de salud. Toda aquella intervención destinada a conseguir nuestro bienestar influye de forma positiva en nuestros mecanismos de autorregulación u homeostasis, y no solo forma parte de la terapia, sino que incorpora hábitos para prevenir recaídas de esa y otras patologías. Este es el gran problema actual de la medicina: se ha centrado en el tratamiento y ha olvidado la prevención y el mantenimiento de la salud una vez recuperada.

Pluralidad médica

No voy a defender aquí una a una las diferentes opciones terapéuticas. Las habrá efectivas, menos efectivas e incluso nada efectivas. Pienso que cada una de ellas tiene que tener la oportunidad de reivindicarse. Pero si quiero hablar de la necesidad de pluralidad en el ejercicio de la medicina. Incluso de la tolerancia hacia otras formas de hacer medicina, relacionadas con diferentes modos de entender la persona, y por tanto el diagnóstico, la enfermedad y el tratamiento. Creo que nadie tiene el patrimonio de la salud, y tanto puede ayudar a una persona un superespecialista cuando es necesario, como un curandero, aunque sea con placebo, en un momento determinado, cuando las posibilidades se agotan. Lo que no se debe permitir es que se engañe a la gente inventando titulaciones y pronósticos. Es necesaria una regulación en la formación y el ejercicio de las diferentes terapias para que el paciente escoja con conocimiento allí donde quiere ser tratado.

Se habla en genérico de pseudoterapias despectivamente, y ni tan siquiera se hace el mínimo esfuerzo en conocerlas. Quiero constatar que la unidad de criterio para afirmar que la medicina convencional es la única y verdadera, no está basada en el conocimiento de las diferentes opciones y su estudio comparativo, sino que es el fruto de una uniformidad en la enseñanza y en la práctica médica oficial. El resto se ignora.

Los profesionales ante los distintos criterios médicos

Desde el colectivo médico se observa esta situación de diferentes maneras. Los grupos más enquistados en el pasado y que ante su ignorancia de los recursos de las medicinas no convencionales optan por negar cualquier aportación que mejore sus conocimientos, no quieren oír hablar de homeopatía, medicina tradicional china o medicina naturista, puesto que las consideran no científicas y por lo tanto creen que deberían estar excluidas de cualquier formación sanitaria, y por supuesto no deberían reconocerse ni como parasanitarias. Esta es la opción que últimamente se está imponiendo en la Organización Médica Colegial, cuando hasta ahora, la mayoría de los Colegios Médicos, incorporaban con normalidad Secciones de estas opciones médicas. Esto hace sospechar que detrás puedan existir intereses al margen del ejercicio profesional.

Los médicos más abiertos, conscientes de sus limitaciones en el tratamiento de los pacientes, admiten que pueden existir otras opciones médicas y empiezan a aceptar que dentro de su colectivo existan profesionales que se dediquen a ellas considerando que son los más apropiados para ejercerlas, ya que los no médicos carecen de la base de conocimientos que requiere un acto médico.

El creciente número de licenciados en medicina que, insatisfechos de su formación universitaria unidireccional, buscan incorporar nuevas formas de curar y de entender las enfermedades, y que se han formado muchos de ellos en centros y academias no universitarias, ya que los postgrados y másteres universitarios son de reciente creación, forman un colectivo con opiniones dispares respecto a los naturópatas (no médicos). La mayoría opina que un tratamiento médico, aunque sea alternativo, complementario o no convencional, requiere una formación médica de base que permita hacer un diagnóstico y un seguimiento correcto de la evolución de los síntomas y medicar con substancias farmacológicas cuando sea necesario. Esta alta responsabilidad ante el paciente exige que el profesional que practique medicinas no convencionales (es diferente en el caso de las terapias) idealmente deba tener los conocimientos de un médico.

Otros opinan, ante la realidad actual, en que existe un gran colectivo de naturópatas (no médicos), que la mayoría de las veces ejercen de terapeutas al mismo tiempo, fruto del poco interés mostrado hasta hace poco por la sanidad oficial hacia las medicinas o terapias no convencionales, lo correcto sería reconocer y regular su formación y su “estatus” definiendo de forma consensuada sus limitaciones en la consulta, fundamentalmente respecto al diagnóstico y a la indicación farmacológica.

 

La medicina que tenemos

Partimos de la base de que la medicina convencional u oficial es muy efectiva, imprescindible, en tratamientos de urgencias, traumatología, en algunos déficits hormonales (diabetes juvenil), en infecciones muy agresivas (meningitis), en el tratamiento quirúrgico de enfermedades degenerativas como el cáncer… Indicaciones que desde mi punto de vista no son discutibles.

Pero también es verdad que el ejercicio de esta misma medicina, que utiliza como tratamiento fundamentalmente la terapia farmacológica, muy útil en la mayoría de los casos mencionados, está reconocida actualmente como la tercera causa de mortalidad en los países desarrollados, detrás de las cardiopatías y el cáncer. Esto no es ninguna sorpresa si tenemos en cuenta que por definición un medicamento es una droga que, como tal, genera siempre un efecto secundario no deseado. Es decir, que genera un beneficio y un daño al mismo tiempo, y la indicación se debe basar en el balance positivo del medicamento. Habría que añadir aquí que los efectos nocivos de la medicación se multiplican con la polimedicación y las interacciones entre los propios fármacos.

Ante esta realidad surgen varias preguntas. ¿Podemos hablar de la farmacología como un recurso de salud? ¿Es generar salud suprimir síntomas agudos que luego se cronifican? ¿Es generar salud mejorar una inflamación articular produciendo una gastritis? ¿Mientras se trata una gastritis o un reflujo con omeprazol u otro inhibidor de la bomba de protones, no estamos distrayendo al paciente, cronificando un problema, sin darle la opción de replantearse sus hábitos de vida, su dieta, su estrés…? ¿Es la farmacología una terapia o una pseudoterapia? Utilizando los mismos términos de este informe de la OMC, “una técnica que se ha mostrado eficaz en un área, puede ser considerada pseudoterapia en otra”, llegamos a la conclusión que la mayoría de los fármacos son eficientes en un área u órgano al mismo tiempo que no lo son en otra parte del organismo que perjudican. Es evidente que toda persona es una unidad, y por tanto estamos hablando de una terapia que, en muchos casos, no es eficaz para la persona en su conjunto. Ayuda, pero no cura. ¿No será en ocasiones la farmacología una terapia complementaria a otras menos agresivas correctoras del origen de la enfermedad?

Identificadas las primeras causas de mortalidad en los países desarrollados, al margen de la iatrogenia, con enfermedades relacionadas con la alimentación (cardiopatías, cáncer, diabetes, hipertensión, obesidad…), ¿cómo se entiende que en toda la formación de un médico no exista una asignatura de dietética? ¿No estamos perjudicando a la población por omisión de información imprescindible para la prevención y el tratamiento de sus patologías?

Tampoco está en la formación médica el trato y el abordaje de la muerte ante el paciente. Algo a lo que todo profesional ineludiblemente se ha de enfrentar.

Ni tan siquiera la prevención está tratada de forma razonable. El poco tiempo que se dedica a ella en los estudios de medicina es preferentemente para referirse a protocolos de diagnóstico precoz, que como es evidente no es prevención, sino identificar el problema cuando ya se ha manifestado.

Una mejor Sanidad actualmente se relaciona con el incremento de centros diagnósticos, de hospitales, de un gran número de intervenciones quirúrgicas…, todos ellos signos de que el número de enfermos está en aumento, hecho que se contradice con el objetivo que teóricamente se atribuye a la Sanidad: el mantener el mayor número de personas sanas durante el máximo tiempo posible.

 

Hemos convertido la medicina en una disciplina especializada en la enfermedad y los profesionales que la ejercen no tienen apenas conocimientos de salud para transmitir a sus pacientes. Por este motivo muchos de ellos buscan ampliar sus recursos con nuevas opciones que incorporan para favorecer al paciente. A esto se le denomina medicina integrativa, resultado de la vocación médica y no del pensamiento único.

 

Sobre la evidencia científica

Programados desde la infancia para memorizar respuestas más que para generar preguntas que no tengan respuestas, aceptamos lo establecido por la “ciencia” como verdad, sin cuestionarlo siquiera, especialmente si viene avalado por el último trabajo científico. Y sin embargo el método científico, venerado por la sociedad, ni es infalible, ni es el único modo de ver las cosas.

 

La investigación médica y farmacológica es útil y un buen instrumento de ayuda para la medicina, pero no es la verdad absoluta como se pretende hacer creer. Ella misma se contradice a menudo. Encontramos frecuentemente trabajos de evidencia científica que defienden una cosa y otros la contraria. Por ejemplo, sobre el riesgo de producir un cáncer de mama con el tratamiento hormonal sustitutorio de estrógenos: un estudio publicado en el prestigioso “New England Journal of Medicine” y realizado en la Escuela de Medicina de Harvard (Estados Unidos), señala que la terapia sustitutoria de estrógenos en postmenopáusicas, aumenta entre un 46 y un 71% el riesgo de cáncer de mama. Poco después, en Julio de 1995, un artículo publicado en el “Journal of The American Association”, y que refleja un estudio del Centro de Cáncer Fred Hutchinson, concluye diciendo que “no encontramos ninguna asociación entre el riesgo del cáncer de mama y una larga duración extendida (veinte años o más) de uso de terapia de reemplazo de estrógenos”. Y así podríamos seguir, con otros ejemplos de la fiabilidad de la investigación científica.

 

El propio método científico está cuestionado. Es irreal hacer un estudio extrayendo conclusiones de la aplicación de una sustancia en un colectivo de personas como si estas fueran todas iguales. Ni tan siquiera la misma enfermedad se manifiesta igual en cada una de ellas. Es más, hoy en día se está hablando ya del experimento con el sujeto único, considerando como influye una sustancia en las variables que presenta una misma persona. Ya no digamos de la costumbre de extrapolar resultados de experimentos en animales a la fisiología o el tratamiento de personas vivas.

Hemos de ser conscientes de que para que un trabajo pueda afirmar que una sustancia o producto, o terapia, es eficaz, es necesario eliminar todas las variables que puedan interferir, de manera que cada vez que eliminamos una variable nos alejamos más de la realidad. Cuantos medicamentos o productos que en su momento se consideraron efectivos, luego se han retirado por falta de resultados o por su gran perjuicio para salud. Los estudios para valorar si una práctica médica convencional, ya establecida, es correcta demuestran que un 40% de ellas no se deberían haber implementado, alrededor de un 22% no obtiene resultados concluyentes y solo un 38% se confirman como útiles.

 

El problema está quizás en que la ciencia en medicina ha perdido el criterio de globalidad, la visión de conjunto, y sólo ve el grano de arena en lugar de la inmensidad de la playa. Sólo así se entiende que se considere un éxito un medicamento que mejora un órgano y perjudica otro, o la búsqueda del principio activo en una planta sin considerar la acción sinérgica del conjunto. Tampoco quiere aceptar que un alimento que nos ofrece la naturaleza, no solo contiene los nutrientes identificados, sino muchas más que se potencian con éstos.  Como se ha dicho en ocasiones “existe la tendencia de saber más de las partes y menos del todo; y cada vez se sabe más de menos, hasta que lleguemos a saber mucho de nada”.

 

Posiblemente los saberes ancestrales que vienen de Oriente, o de la propia cuna de nuestra civilización, nos aporten tanta información como la actual ciencia analítica. Sin duda alguna la solución pasa por la tolerancia con todas las ideas y el estudio de todas las formas de conocimiento que existen.

Sobre la ética médica

Hasta hace poco siempre se había definido la medicina como ciencia y arte de evitar y curar las enfermedades. Algunas definiciones más recientes hablan sólo de conocimientos y actividades técnicas para diagnosticar, tratar y prevenir las enfermedades, haciendo desaparecer el vocablo arte con su componente vocacional, emocional y de pluralidad.

 

Sólo hay una medicina, decimos todos: la que cura al paciente (y la que lo mantiene sano, habría que añadir). Pues bien, ¿cuál es ese saber médico?, ¿es acaso el que recibimos cuando acudimos a los hospitales o a los diferentes centros de nuestro sistema sanitario? La realidad es que, como en el arte, existen diferentes criterios; todos ellos válidos. Cada uno tiene una visión diferente de cómo entender la enfermedad, de cómo acercarse al paciente y de cómo tratarlo. En las facultades de nuestro país hasta ahora sólo se enseña uno de estos criterios, sin considerar las otras posibilidades. Es como si en la facultad de Bellas Artes sólo se diera a conocer el “cubismo” o el “expresionismo”. No es de extrañar que esta falta de globalidad en la enseñanza de la medicina -que se traduce lógicamente en su práctica, en la investigación, y en el desarrollo social de la misma- genere un terrible confusionismo no sólo en la población, sino en los propios estudiantes de medicina y en los propios médicos que reclaman conocer la otra parte de conocimientos que se les oculta.

Esta marginación e ignorancia hacia las otras opciones hace que no sean aun suficientemente consideradas, y que incluso instituciones como el Colegio de Médicos, que se han visto obligadas a abrir secciones de Homeopatía, Acupuntura, o Medicina Naturista, porque los profesionales colegiados que las ejercen así lo han pedido, renieguen, incluso acusen en ocasiones de poco científicos a algunos de estos criterios médicos, y supriman en algunos casos (como acaba de ocurrir en el Colegio de Médicos de Madrid) estas secciones actuando como una verdadera dictadura médica.

 

Sería de interés público que, en bien de la imparcialidad, la Comisión Deontológica de los diferentes Colegios de Médicos, y como excusa para la reflexión, estudiasen las siguientes cuestiones:

 

– ¿Es posible seguir enseñando y practicando una medicina con un alto índice de iatrogenia, tanto a nivel diagnóstico como terapéutico, y de medicalización, sin considerar ni siquiera la aportación de otras opciones que están presentes en la sociedad? ¿No existe aquí una gran negligencia por omisión? ¿No debiera la propia sanidad pública interesarse en estudiar y averiguar, contando con los profesionales médicos que las ejercen, si las otras opciones funcionan, en lugar de criticarlas o ignorarlas?

– ¿Es ético imponer a través de un seguro obligatorio (Seguridad Social) un único criterio médico?

– Sabiendo, como se publica en un estudio realizado en EEUU sobre los determinantes de la salud, que más del 60% de contribución potencial a la disminución de la mortalidad se debe al entorno (19%) y al estilo de vida (43%), ¿es racional y honesto asignar el 90% de los gastos de salud a los sistemas de cuidados (hospitales, investigación médica…) y sólo un 1,5% al estilo de vida y un 1,6% al entorno?

– ¿Cuáles son actualmente las entidades de prestigio que pueden avalar los procesos curativos válidos? ¿Dónde están los recursos y el foro público imparcial donde se puedan presentar hipótesis, se discutan, se comprueben, y se valoren?

– ¿Por qué la ciencia, en una decisión totalmente acientífica, no deja expresarse a los disidentes de sus teorías oficiales públicamente, les retira subvenciones y los margina de sus congresos?

– ¿Cómo es posible que las grandes investigaciones sobre los problemas de salud considerados más importantes estén en manos de empresas comerciales como son los laboratorios (que defienden legítimamente sus intereses de rentabilidad), o de instituciones patrocinadas por éstos y ayudadas con dinero público, y no de instituciones médicas públicas totalmente independientes y sin presiones económicas?

– ¿Qué ética justifica el mantener en algunos países medicamentos a la venta que han sido retirados en otros países por alta toxicidad?

– ¿Por qué se magnifican muertes puntuales, todas ellas dolorosas, con recursos no convencionales, y se ignoran todas las muertes masivas por iatrogenia médica o por falta de implicación de los colegiados médicos en la educación de los hábitos de los pacientes que acuden a nuestras consultas?

– ¿Por qué a los profesionales que cuestionan algunas vacunas, y aunque sea una sola, se les califica de antivacunas y se les desprestigia sin considerar todas las referencias científicas que aportan? ¿Por qué el fallecimiento de un niño no vacunado es portada en todos los medios de comunicación, y no lo es el de un niño completamente vacunado (con todas las dosis recomendadas) de esa misma enfermedad?

 

Es preciso, es urgente, en beneficio de todos, revisar las bases éticas sobre las que se establece el ejercicio de la medicina. Está claro que llega el momento de establecer un diálogo constructivo entre los profesionales de las diferentes opciones médicas. Es lo que defendemos los que practicamos la medicina integrativa, no renunciando a ninguno de nuestros conocimientos y complementándolos con el de los demás. Es tiempo de puertas abiertas, de discusión, de trabajo en equipo, de democratización en la medicina, no de persecución ni de imposición.

                                                                                                                                                                                                                                                                                    

                                                                                                                                                                                                                                                

Pedro Ródenas López.
Presidente de la Sección Colegial De Médicos Naturistas del COMB del año 1998 a 2016
Socio fundador de Integral, centre mèdic i de salut